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Un viaje a Japón comienza en la mayoría de los casos por desaprender lo aprendido, imposible no mencionar la película Lost in translation. Nada más llegar a Tokio, nos sumergimos en un universo inhabitual, donde se suceden señales luminosas de caracteres indescifrables y murmullos orientales que se escapan de nuestro entendimiento. Kyoto nos cautivará con sus silenciosas y antiguas calles, salpicadas por casas de madera y templos que irradian respeto y armonía. Y el Japón feudal nos trasladará a la época de los samuráis. Como veis, Japón es un país para todos los gustos.


Extraño destino de luna de miel, normalmente los novios que visitan Asia en el viaje de novios optan por Tailandia, Vietnam o Indonesia (especialmente Bali), Japón es un país que rara vez defrauda. Eso sí, la hospitalidad de sus gentes elimina por completo una barrera de miles de kilómetros, y hace que extrañamente nos sintamos acogidos y como en casa. Aunque, esa distancia que a veces se evapora, se multiplica por mil a la hora de comer, y convierte el momento de la comida y la cena en una continúa sorpresa que esconde asombrosos y extraños platos. Sensación que ya en el desayuno podemos experimentar: nada de leche, ni dulces. Pescado crudo, pescado marinado, extraños zumos verdes, fuertes sopas y un té diferente, despertarán nuestro lado oriental desde primerísimas horas del día, no olvidemos que en Japón amanece antes de las 5 de la mañana. Todo ello con nombres imposibles de memorizar en nuestra cabeza, pero con un sabor inconfundible a sushi, miso y soja. El arroz bendice la comida, y nos otorga la confianza de lo conocido, sensación que con un bocado entre palos de madera quedará bañada de mezclas ligeramente avinagradas. Indudablemente estamos en Japón, nada que ver con la comida de los selectos restaurantes japoneses a los que estamos acostumbrados en Europa, totalmente occidentalizados en los sabores. Pero comerlo en Japón es un regalo.

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Tras este viaje por los sabores de Japón que nos inunda de sensaciones diametralmente opuestas a las que estamos habituados, os proponemos una ruta de 11 días, visitando algunas de las ciudades más emblemáticas y muy diferentes entre sí de la isla de Honshu (donde vive el 60% de la población total del país) . Te proponemos comenzar por Kyoto, Takayama, el Parque nacional de Hakone para ver el Monte Fuji y como colofón, 3 días en Tokio donde modernidad y tradición se funden en el día a día.

Kyoto fue el centro cultural y antigua capital de Japón durante 1000 años. En ella se esconden más de 2000 templos, santuarios, palacios y villas, y cómo no, sus mágicas calles donde es posible ver al atardecer a las geikos(geishas) y maikos (aprendices de geisha), por lo que el paseo por el barrio de Gion es obligado. En Kyoto es imprescindible ver el Castillo de Nijo, la que fuera residencia del Shogún Tokugawa, con el denominado suelo antininja, suelo que al pisar emite un inconfundible ruido que alertaba de posibles ataques ninja a la familia del Shogún. Otra excursión que no debéis perderos es la visita al Templo de Kinkakuji, construido para el Shogún y también llamado “Pabellón Dorado” por las láminas doradas que lo recubren. Al llegar allí, una arboleda nos advierte sutilmente de que entramos a un recinto sagrado y nos alejamos del mundanal ruido. Tras recorrer el sinuoso sendero, llegamos al estanque espejo, que emula un paisaje marino, salpicado de islotes en su interior. Allí viven los kingyo, peces de hasta 60 centímetros, y oiremos los cantos de las aves que nos transportarán a otra época. Muy cerca de Kyoto se encuentra Nara, la capital más antigua, allí veremos el templo Todaiji (considerado el edificio de madera más grande del mundo) con el gran Buda “Daibutsu” (impresionante estatua de 15 metros de altura , cuya cabeza mide más de 5 metros y los ojos alrededor de 1 metro), el parque de los ciervos sagrados y el santuario Shintoísta Kasuga. Este último es uno de los lugares más sagrados del Shintoísmo, en su recinto veremos multitud de farolillos metálicos y en el exterior veremos los faroles de piedra, merece la pena pasear por sus alrededores.



Alejándonos ya de Kyoto, os proponemos adentraros en el Japón feudal. Visitando Shirakawago, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin duda os encantará visitar por dentro sus casas gassho-zukuri (cuyo nombre viene por la forma de su techo, que parecen 2 manos rezando), mucho más grandes que el resto de casas japonesas. El descanso ideal para esta jornada sería dormir en un hotel/ryokan de Takayama, de espaciosas habitaciones decoradas al estilo japonés, con pisos de tatamis de esterillas, puertas corredizas de papel shoji y otros toques de estilo tradicional japonés. Esta zona es balnearia, por la que en muchos de sus hoteles antes de ir a dormir podremos tomar un baño termal, verdadera experiencia y delicia para el cuerpo. Al día siguiente, por la carretera de Tsumago, antiguo pueblo de posta de la época feudal de los Samuráis, llegaréis a antiguas hospederías de los samuráis, donde podréis degustar un té mientras el guía os cuenta viejas historias de samuráis. Para acabar el día elegid igualmente un hotel termal en Hakone, donde podréis cenar vestidos con la yukata típica, y después daros otro relajante baño termal.

Al emprender el viaje a Tokio, os recomendamos parar en el Parque Nacional de Hakone donde se realizan minicruceros por el lago Ashi y donde se sube en teleférico al Monte Komagatake, desde donde, si la niebla lo permite, podréis observar la majestuosidad del Monte Fuji. Cuando penséis que ya os habéis hecho una idea de cómo es Japón, llegaréis a Tokio, uno de los centros urbanos más importantes del planeta, allí cada esquina, cada calle, guarda mil sorpresas. Sus templos urbanos, como el Budista de Asakusa Kannon, al que se llega por la animada calle comercial de Nakamisee, el carísimo barrio de Ginza y sus réplicas de la estatua de la Libertad, la del Golden Gate o la Torre de Tokio, que os hará sentir por un momento en París, ayudarán aún más a contribuir en la confusión nipona. Y es que lo mejor de Tokio es dejarse llevar para sorprendernos entre tradición, modernidad, locura y perfecta armonía.

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